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El circuito Pangea: cuando la infraestructura digital se gestiona como un bien común

¿Somos todos ciudadanos en un mundo digital en igualdad de condiciones? O, por el contrario, ¿hay ciudadanos de primera, con derecho a decidir sobre desarrollos y diseño, y actores de segunda, configurados sólo para consumir y usar?

 

Lo cierto es es que los investigadores intentan entender cómo interaccionamos, los diseñadores desarrollan interfaces, los fabricantes de dispositivos construyen y venden ítems digitales e Internet ofrece conectividad. ¿Y qué hacemos nosotros como ciudadanos? En la mayoría de los casos, consumimos, tanto productos como servicios, y nos conectamos.

 

Los investigadores David Franquesa, doctorando de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), y Leandro Navarro, profesor asociado en la UPC, fueron los impulsados de eReuse, un ecosistema global de empresas y entidades sin ánimo de lucro que coopera en base a unos principios y estándares colectivizados.

 

Esta iniciativa, que permite trazar ordenadores donados para asegurar su reciclaje final, es el eje del circuito Pangea, un conjunto de entidades que vela para restaurar los ordenadores donados recirculándolos a ONG y colectivos vulnerabilizados.

 

Franquesa y Navarro desvelan en este paper publicado en Forum Sustainability in (inter)action la cuestión de la democracia en el mundo digital, además, de alertar sobre la brecha digital que deja a la mayoría de la población sin un adecuado acceso a internet y que pone de relieve Internet Society.

 

Esta organización tiene como objetivo el desarrollo de una plataforma abierta que empodere a las personas y las conecte mediante soluciones innovadoras. También detecta las necesidades de internet en el mundo.

 

El caso es que esta inaccesibilidad vulnerabiliza todavía más a los ciudadanos de países del Sur amén de su pobre implicación en temas económicos, políticos, culturales y sociales; lo que conduce a fortalecer el circulo vicioso de la pobreza en el que están metidos.

 

La paradoja es que, a pesar de esta desigualdad, nos enfrentamos a la llamada e-waste, basura electrónica; un problema ambiental de dimensiones considerables y un reto para la humanidad. Descubre más aquí.

 

Los bienes comunes digitales

 

eReuse, y el circuito Pangea, son iniciativas gobernadas de acuerdo a las reglas de la gestión comunitaria o del procomún. La comunidad puede comprender varios tipos de actores con roles, derechos y obligaciones; y con sus consiguientes conflictos e intereses.

 

El conjunto de reglas, que configura una parrilla que permite analizar las interacciones sociales, incluye i) el acceso (para entrar y utilizar eReuse), ii) el acceso a recursos o interacciones con un servicio y iii) la gestión para regular el uso y mejorar las interacciones o prestaciones, entre otras.

 

La participación en eReuse o en el circuito Pangea de gestión comunitaria conlleva aceptar diferentes roles que, a su vez, implican obligaciones, como lo son el de aceptar las reglas de la comunidad o la licencia general. Algunos son sólo usuarios consumidores, autorizados a utilizar los recursos bajo una licencia de uso.

 

Otros son poseedores, que incluyen sus dispositivos o servicios como proveedores de servicios profesionales. En todo caso, todos los participantes son candidatos a contribuir a la mejora y gestión comunitaria de la infraestructura digital.

 

Sin embargo, y debido a las reglas económicas, la mayoría de gente o iniciativas, por desconocimiento, se ven expulsados de este tipo de gestión. Es por ello, que existen muchas iniciativas que para romper estos límites están creando sistemas de recursos gestionados como bienes comunes (peer production) que facilitan este tipo de interacciones sociales y promueven el rediseño de la tecnología y servicios.

 

Ejemplos de proyectos reales de procomún

 

El procomún es un sistema social que relaciona a las personas o partes interesadas con los recursos que los rodean y con las formas participativas con las que se gestionan/producen estos bienes.

 

Como ejemplo de procomún, hemos hablado de eReuse, y del circuito Pangea, pero otra iniciativa muy interesante es guifi.net, un proyecto tecnológico, social y económico impulsado desde la ciudadanía que busca crear una red de telecomunicaciones abierta, libre y neutral basada en el modelo procomún.

 

El desarrollo de esta infraestructura mancomunada (que incluye recursos compartidos, acceso libre, desarrollo comunitario y gobernanza), facilita el acceso a las telecomunicaciones en general, y a la conexión a Internet de banda ancha en particular, de calidad, a un precio justo y para todo el mundo. Además, la actividad económica que se genera es colaborativa, sostenible y de proximidad.

 

En el pasado, los servicios de telecomunicaciones y acceso a Internet eran frecuentemente vistos como opcionales, un lujo para las corporaciones y ciudadanos que podían pagar. Sin embargo, en la actualidad, comunidades de ciudadanos desarrollan sus propias redes de trabajo para conexiones locales y acceso a Internet.

 

La comunidad Guifi.net cuenta con más de 32.000 conexiones con una longitud total de 60.000 kilómetros. La mayoría de sus nodos están en España, pero hay multitud de iniciativas similares a lo largo del planeta.

 

El procomún

 

Los principios que definen al procomún (inclusividad, acceso abierto, participación, gobernanza), aplicados a la economía circular en aparatos electrónicos, generan sistemas de recursos que vienen a ser bienes colectivos, producidos socialmente y gobernados de forma común.

 

El desarrollo de nuevos recursos de forma colectiva también es denominado peer production debido a que los participantes trabajan cooperativamente para producir un sistema de recursos.

 

Una de las estudiosas más destacadas del procomún fue Elionor Ostrom, premio Nobel de Economía en 2009, por su “análisis de la gobernanza económica, especialmente de recursos compartida”.

 

A pesar de que los economistas siempre habían considerado que el mantenimiento de los recursos requería intervención estatal o intervención privada,  Ostrom estudió la manera en que otras sociedades desarrollaban otras fórmulas comunales que les permitían preservar los recursos sin degradar el medio ambiente. Así, en su obra El Gobierno de los Bienes Comunes  (1990), estudia múltiples casos que muestran cómo manejar y disponer colectivamente de recursos escasos.