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Consumo de servicios en la economía circular polémica con Airbnb

imagen de servicios en la economía circular

En algunos foros, Airbnb no sólo ha abanderado el término de economía colaborativa, sino también el de economía circular. Y lo hace en base a uno de sus fundamentos: su modelo de negocio no produce productos nuevos, sino que gira alrededor del intercambio de bienes y servicios que ya existen.

 

Es el compartir la propiedad privada, intercambiando riesgos y beneficios mediante mecanismos de compensación (trueque, comercio o intercambio). Es la idea de consumir servicios, y no productos como explicábamos en este post. Sin embargo, en este artículo analizaremos qué es lo que Airbnb no cumple para encasillarse bajo la etiqueta de economía circular.

 

A pesar de que Airbnb nació para ayudar a personas a pagar su hipoteca o alquiler a cambio de ceder espacios en sus casas para alojar a visitantes, lo cierto es que este origen se ha visto desvirtuado por un sinfín de consecuencias, algunas previsibles, otras no.

 

El fin era la economía colaborativa y circular: el homesharing, el compartir con personas locales tu ciudad, el intercambio….Pero los medios utilizados y el vacío legal para regular lo que se ha convertido en una actividad puramente lucrativa, han contribuido a la turistificación, gentrificación, el encarecimiento de la vivienda, la expulsión de los residentes de sus barrios, la conflictividad con la población local y la elusión del pago de impuestos, entre muchas otras.

 

El impacto ambiental de la economía circular que Airbnb olvidó

 

La economía circular tiene un claro objetivo ambiental: el valor de los productos, componentes y materiales se mantienen en el ciclo productivo durante el mayor tiempo posible a niveles de máxima utilidad y la generación de residuos se reduce al mínimo. El objetivo, por tanto, es no consumir más recursos de los necesarios.

 

Datos de Exceltur apuntan a un crecimiento del 37,2% de pisos turísticos en el primer semestre de 2017, lo que, a su juicio, es una de las causantes, junto a la geopolítica del Mediterráneo,  de la masificación turística.

 

En concreto, en 2016 Barcelona recibió 8,3 millones de turistas en hoteles, a los que se les ha de añadir  los que se alojaron en viviendas vacacionales. La ciudad cuenta con 1,5 millones de habitantes en apenas 101 kilómetros cuadrados.

 

Los 83 millones de turistas que nos visitarán este años a nivel peninsular se dejarán alrededor de 143 euros, si tomamos como referencia la última Encuesta de Gasto Turístico (Egatur) elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

 

Sin embargo, y tal y como se explica en este artículo, este gasto no incluye el consumo de agua y de electricidad (más del doble respecto a un residente), el tratamiento de las aguas residuales o el tratamiento de los residuos, gastos que pagamos todos y que suponen el agotamiento de nuestros recursos. ¿Dónde está la circularidad y la sostenibilidad en este modelo?

 

La plataforma alega que su actividad supone un ahorro energético equivalente al consumo de 2.950 hogares. Pero no aporta datos ni un método claro sobre cómo realiza estos cálculos que, en todo caso, no incorporan los gastos del turista en todos los conceptos mencionados.

 

Construcción de un proyecto no común

 

La economía circular plantea escenarios en el que los residuos pueden ser los recursos de otros, en el que el uso compartido de los bienes como servicios, y no como productos, se erige sobre la compartición de estándares, herramientas y  recursos.

 

En el que el contenido se comparte y se construye un proyecto común. Un sistema complejo en el que las distintas partes tienes fuertes vínculos entre sí y en el que la visión es holística y, por supuesto, tiene en cuenta a todos los actores y grupos de interés.

 

No obstante, Airbnb se limita a ofrecer al usuario un espacio reducido y personal en el que sólo puede ofrecer su vivienda. No hay oportunidad alguna para participar en la gestión o en el funcionamiento de la plataforma.

 

Reglas inexistentes en esta plataforma que, sin embargo, rigen la verdadera economía colaborativa, y en muchos casos la circular. No sólo reglas inexistentes, sino, inclusive, son reglas que generan desprotección de los usuarios que han tenido que okupar su vivienda cuando su inquilino la subalquilaba con Airbnb.

 

Además, este poco trato humano se incrementa todavía más con los cambios en el uso de la plataforma que han realizado los usuarios a lo largo de los años. En este artículo publicado en El País, más del 50% de los usuarios (particulares y empresas, como portales de gestión de alquiler de pisos turísticos) pueden llegar a gestionar más de 500 pisos.

 

La alegalidad en el punto de mira

 

Cumplir las reglas del juego no es ya inherente a la economía circular sino a cualquier negocio. Según esta fuente, en 2015 la plataforma Airbnb superó las 120.000 viviendas anunciadas y alcanzó los 2,6 millones de huéspedes. La compañía declaró unos ingresos de 2,62 millones de euros.

 

Sin embargo, la aportación directa de la filial española a las arcas nacionales fue de 81.285 euros en concepto de Impuesto de Sociedades. Y es que, como muchas otras tecnológicas, la compañía tiene su sede central para Europa en Irlanda, país en el que tributa los ingresos y beneficios conseguidos y en el que aplica un impuesto de sociedades de sólo el 12,5% frente al 25 español. Aquí puedes informarte sobre el entramado que utiliza la empresa.

 

Otro de los vacíos legales que utiliza Airbnb es el de la no regulación del alquiler vacacional para aquellos usuarios que comparten un cuarto de su vivienda. La plataforma alega que estos ciudadanos también pueden beneficiarse del turismo y obtener ingresos extras que les ayudan a pagar su hipoteca o alquiler.

 

Esta es la baza que utilizaba la plataforma cuando ayuntamientos, como el de Barcelona, los instaba a retirar de su web las viviendas sin licencia turística. Tras varias sanciones millonarias, 600.000 euros y amenazas, el gigante de las reservas ha aceptado recientemente retirar las viviendas sin licencia (en enero de 2017, se calculaba que había cerca de las 4.100).

De la misma manera, un informe realizado por Exceltur alertaba de un posible fraude fiscal de 400 millones de euros en el caso de que los propietarios de viviendas no estuvieran declarando los ingresos de sus arrendamientos vacacionales.

 

Generación de riqueza local: a qué precio

 

En este artículo, Airbnb alega que el impacto económico estimado sobre el conjunto de la economía española del gasto de Madrid es de 323 millones de euros y que, amén de los gastos realizados por los huéspedes y anfitriones, se han generado 5.130 puestos de trabajo.

 

Sin embargo, no es nuevo que esta generación de puestos va ligada a la precariedad, con sueldos que no llegan ni a los 1.000 euros, y a la temporalidad. A cambio, los residentes se enfrentan a la sobreocupación del transporte público que también resulta estar subvencionada para los turistas, la degradación de los barrios por la gentrificación (cierres de comercios que se convierten en tiendas de suvenires, por ejemplo), molestias por incivismo y el encarecimiento de los precios y el de las viviendas de alquiler.

 

La economía circular es generadora de puestos de trabajo ya que abre la posibilidad de generar empleo en la ecoconcepción de los productos, y en los mercados de la segunda mano, reutilización y reciclaje. En todo caso, estos puestos pretenden ser estables y no temporales.

 

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