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La crisis del coronavirus evidencia la brecha digital tras la suspensión de las clases

Brecha digital en la escolarización

Hay familias que no tienen ordenadores en casa. Otras que tienen que compartirlo entre todas las personas del hogar. Y otras que ni siquiera tienen internet. Un problema que se puede acentuar con la oleada de ERTEs y despidos que está provocando la pandemia del coronavirus: ya había familias que no tenían acceso a wifi por sus condiciones económicas y, en un escenario de crisis, la situación empeora.

 

Si no tienes para llegar a fin de mes, no tienes para conectarte a la red. La realidad es cruda, pero muestra una vez más que en la educación tampoco hay igualdad de oportunidades. Un 10% de los alumnos ni siquiera dan señales de vida, y coincide con que estos alumnos son los que tienen recursos socioeconómicos más bajos.

 

Hay otros alumnos con los que las escuelas sí que se pueden poner en contacto, pero no tienen ordenadores. En muchos casos sus familias son monoparentales y, en la mayoría de ellas, viven con sus madres que siguen trabajando por lo que no pueden dejarles el móvil para acceder a los ejercicios. En otros casos, los padres no contestan al mensaje.

 

Este problema no es ninguna sorpresa. La brecha digital y sus efectos en la comunidad educativa es bien conocida entre los expertos. Según los últimos datos del INE, uno de cada diez hogares españoles no tenían acceso a internet en 2018, mientras que dos de cada diez no tenían ordenadores en casa. En esta crisis, la consecuencia de estas faltas es clara: si hay hogares sin acceso a internet y sin ordenador, directamente no se puede acceder a las clases en remoto. 

 

Los efectos también son claros: quienes tienen más recursos pueden tener mejor acceso a la educación, y para quienes tienen menos será peor. Según datos como los que arroja el informe de UNICEF, The State of the World’s Children: Children in a Digital World, estas diferencias "amplifican las oportunidades de los niños de entornos más favorecidos mientras reduce las de los más desfavorecidos"

 

Un problema que ya avisó la directora general de la UNESCO, Audrey Azoulay, al comienzo de la crisis: "Estamos entrando en un territorio inexplorado y trabajando para encontrar soluciones de alta tecnología, baja tecnología y sin tecnología para asegurar la continuidad del aprendizaje". "Hay que garantizar que esta crisis promueva la innovación y la inclusión en lugar de exacerbar las desigualdades en el aprendizaje", sostuvo durante una reunión con representantes de varios países la semana pasada.

 

La educación online se ha implantado con escaso margen de maniobra para garantizar que no existan desigualdades porque ya tiene consecuencias directas. Se ha implantado sin pensar que todo el mundo tiene ordenadores, pero lo que tienen las familias mayormente son móviles. Hay familias aisladas y otras con una gran carga de trabajo que no pueden estar pendientes de que los adolescentes hagan las tareas, según denuncia el sector educativo.

 

Más allá del problema de que hay alumnos con los que ni siquiera se puede contactar, los profesores se encuentran con que en muchos casos las familias no pueden estar pendientes de la educación de sus hijos. Los alumnos que no tengan motivación o que estén en situaciones complicadas económicas o familiares van a notar serias lagunas porque el profesorado tiene que seguir con la programación.

 

En algunos centros han optado por montar un 'instituto online' en 48 horas. Una alternativa que, de momento, les está funcionando bastante bien frente a las plataformas de las diferentes regiones que han presentado fallos informáticos por saturación.

 

Los alumnos con los que no se puede contactar y que no pueden conectarse es el mayor problema a abordar y el colectivo dedicado a la enseñanza advierte que habrá consecuencias respecto a los alumnos que tienen entornos familiares más desfavorecidos por lo que persiste el hecho de que hay estudiantes con problemas enormes.

 

Las soluciones a estos problemas son difíciles y las consecuencias son muchas. En el Gobierno quieren paliar la situación pero, hasta el momento, la única iniciativa sobre la que se está trabajando es en un proyecto con RTVE para ofrecer contenidos educativos a través de la televisión.

 

La EvAU en coronavirus, ¿limitará el acceso a la Universidad?

El Gobierno ha decidido aplazar la Evaluación para el Acceso a la Universidad (EvAU) y el calendario de matrículas universitarias para adaptarlo a la crisis del coronavirus. Un cambio que afecta hasta 217.000 estudiantes matriculados este año en 2º de Bachillerato.

 

Quienes están sometidos al estrés por la EvAU es la clase trabajadora. Pero esta medida ha sido duramente criticada por el Sindicato de Estudiantes porque asegura que perjudicará a la clase trabajadora. La suspensión de las clases se va a alargar y el curso está perdido. El sindicato dice que los alumnos de familias ricas que vienen del Bachillerato concertado y privado vienen con las notas hinchadas y que sólo necesitan aprobar la EvAU porque después pueden pueden ir a universidades privadas pagando. 

 

"Quienes nos vemos sometidos al estrés somos la clase trabajadora que solo podemos ir a la universidad pública. Además, si se aplaza hasta verano muchos alumnos no podrán estudiar igual porque tienen que trabajar para aportar a las familias o pagar los estudios", denuncia el mismo sindicato.

 

Lo cierto es que en el acceso a la Universidad también depende la clase social. Hay estudios que apuntan que sólo un 10% de universitarios tienen un origen socioeconómico bajo. El informe Ser estudiante universitario hoy, de la Xarxa Vives d'Universitats, señalaba frente a este porcentaje que el 54,7% de los alumnos de grado son de clase alta y el 34,7% de clase media.

 

Esta ha sido una situación de desigualdad que se ha acrecentado desde el comienzo de la crisis económica y que corre el riesgo de agrandarse con la nueva crisis que enfrentamos. La pandemia del coronavirus amenaza a todas las esferas y el acceso a la educación y la igualdad de oportunidades no se libran de ella.